Drones para conciertos y festivales: cómo se integra

Un festival tiene un problema que no tienen los demás eventos: el público ya ha visto de todo. Pantallas gigantes, pirotecnia, láseres, confeti. Conseguir que veinte mil personas levanten la vista a la vez y se callen es cada vez más difícil, y es exactamente lo que hace un espectáculo de drones para conciertos cuando está bien colocado en la escaleta.

Bien colocado es la clave. Un show aéreo metido a la fuerza entre dos actuaciones no funciona: compite con el cartel en lugar de rematarlo. Colocado en el momento correcto, es lo único de la noche que no se puede ver en ningún otro festival, porque el contenido se diseña para ese.

Este artículo va dirigido a quien lo produce: cómo encaja en el recinto, qué necesita del equipo de producción, cómo convive con el sonido y la iluminación, y qué se puede vender a un patrocinador que no se pueda vender con una lona.

¿Estás cerrando el cartel de la próxima edición?

Con el recinto, la fecha y el momento donde lo imaginas te decimos si es viable allí y qué haría falta. Cuanto antes, más margen tiene la producción.

Hablar con producción

Dónde encaja dentro de la escaleta

Hay tres momentos que funcionan, y uno que casi nunca:

  • El cierre de la jornada. Después del cabeza de cartel, cuando el público todavía no se ha movido. Es el encaje más común y el que mejor cierra una noche.
  • El puente entre dos escenarios. En festivales con varios escenarios, ese hueco en el que la gente cambia de sitio es tiempo muerto. Un show aéreo lo convierte en un momento colectivo.
  • La apertura de una jornada señalada. Menos habitual, pero muy potente cuando hay algo que anunciar: un aniversario de la edición, una colaboración, un homenaje.

El que casi nunca funciona es meterlo a mitad de un concierto. Compite con el artista, obliga a bajar el volumen y deja a todo el mundo descolocado. Si el artista quiere drones durante su actuación, eso es otra cosa: se diseña con su equipo y forma parte de su show, no del festival.

El anochecer manda sobre la escaleta

Este es el condicionante que más veces obliga a mover el programa. Los drones dibujan con luz, así que necesitan cielo oscuro. En un festival de julio eso puede ser bastante más tarde de lo que la programación tenía previsto, y en septiembre, bastante antes.

Conviene mirar la hora real de anochecer de esa fecha concreta antes de cerrar los horarios del cartel, no después. Es un dato de cinco segundos que evita reorganizar una escaleta entera.

Qué necesita del recinto

La pregunta que hace siempre producción es si cabe. Casi siempre cabe, pero hay que mirar cuatro cosas:

  • Una zona de despegue acotada, fuera del flujo de público y que pueda mantenerse despejada durante toda la operación. No tiene que estar dentro del recinto: puede ser un terreno contiguo.
  • Volumen aéreo libre por encima. Las estructuras de escenario, las torres de sonido, las grúas de cámara y los focos de seguimiento son los obstáculos habituales.
  • Distancia al público. Marca dónde se sitúa la formación y, con ello, desde qué zonas del recinto se ve bien la figura. No siempre coincide con la pista principal.
  • Contexto aeronáutico. Muchos festivales se hacen en recintos periurbanos, aeródromos en desuso o zonas cercanas a aeropuertos. Eso condiciona la tramitación mucho más que el tamaño del festival.

La parte de permisos la asume el operador —está desglosada en permisos para un espectáculo de drones—, pero el recinto y el perímetro despejado los aporta la organización, y eso no se puede delegar.

Convivencia con sonido, luces y pirotecnia

Tres apuntes que ahorran discusiones el día del montaje:

  • El sonido no molesta al vuelo, pero la iluminación sí puede molestar a la vista: los cañones y los estrobos apuntando al cielo compiten con las figuras. Se acuerda una bajada de intensidad durante los minutos del show.
  • Si hay pirotecnia, los drones van antes. La pólvora deja humo en suspensión y el humo se come el dibujo. Al revés funciona muy bien: los drones cuentan y la pirotecnia remata.
  • El montaje es visible. La flota se despliega en el suelo con horas de antelación. Si el show es sorpresa, hay que resolver dónde se monta.

Los festivales de la próxima temporada se cierran con mucha antelación

La tramitación y la disponibilidad de flota van por delante del anuncio del cartel. Cuanto antes se fija recinto y fecha, más margen hay para diseñar algo propio.

Ver cómo trabajamos los shows

Lo que se puede vender a un patrocinador

Aquí está el argumento que más interesa a dirección, y es el que menos se explota.

En un festival, el inventario para marcas está saturado: lonas, escenarios con nombre, activaciones en el recinto, menciones. Todo eso lo tiene ya cualquier festival y todo eso compite entre sí por la misma atención.

El cielo es inventario nuevo. Y tiene tres características que lo hacen vendible distinto:

  • Es exclusivo por definición. No hay dos marcas dibujadas a la vez. Lo que se vende es un momento, no un espacio compartido.
  • Genera material propio. Un vídeo del logo de la marca dibujado sobre veinte mil personas es una pieza que el patrocinador va a usar todo el año. Eso se puede tarifar.
  • Se puede medir. Un código QR funcional dibujado en el aire, escaneable desde el suelo, convierte un momento emocional en tráfico atribuible. Es el terreno de la publicidad aérea con drones.

La condición para que esto funcione: planificar la grabación desde el principio. Un show sin cobertura audiovisual planificada pierde la mitad de su valor para el patrocinador, y esa mitad es la que justifica la inversión.

Qué se puede dibujar en un festival

Funcionan los símbolos del propio festival —el logo, el número de la edición, el nombre—, los guiños al cartel, las cuentas atrás y las secuencias narrativas que enlazan varias figuras. Funcionan especialmente bien los homenajes: un artista que ya no está, un aniversario, algo que la comunidad del festival reconozca.

No funcionan los textos largos, las tipografías con remates ni los logos con mucho detalle interior. En el aire se lee el contorno, no el matiz. Un logotipo se adapta antes y se aprueba antes, no el día del evento.

Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer con el recinto lleno?

Sí, es el escenario habitual. Lo que hay que resolver es la zona de despegue y el perímetro, no la presencia de público. Cuanta más gente, más importante es que la figura sea legible desde todas las zonas del recinto.

¿Cuánto dura?

Entre 5 y 12 minutos. En un festival, corto y denso funciona mejor: es un remate, no una actuación más del cartel.

¿Y si esa noche hace viento?

Hay un límite operativo por encima del cual no se vuela, y la decisión es técnica. En un festival de varios días eso se gestiona bien porque suele haber ventana alternativa; en uno de una sola jornada conviene tener pactado por escrito qué ocurre.

¿Puede volar sobre el público?

La formación se sitúa manteniendo la distancia de seguridad que fija la autorización. Se diseña para que se vea bien desde donde está la gente, que es distinto de volar encima.

¿Sirve el mismo show para la siguiente edición?

El diseño se puede reutilizar y eso abarata. La tramitación no: cada fecha y cada recinto son un expediente nuevo.

Si estás montando la próxima edición

Lo útil para empezar son tres datos: el recinto exacto, la fecha y en qué momento de la escaleta lo imaginas. Con eso se puede decir si es viable allí, qué flota haría falta para que se vea desde toda la pista y qué plazos marca la tramitación.

Y si lo estás valorando como inventario para patrocinio, dilo desde el principio: cambia el diseño, cambia la grabación y cambia lo que se le puede ofrecer a la marca. Cuéntanos tu festival y lo vemos.

Dinos el recinto y la fecha, y te decimos si es viable

  • Flota y software propios, no subcontratados
  • Permisos y coordinación con AESA incluidos
  • Diseño propio del festival, no una animación de catálogo
  • Shows en España, Italia, Portugal y Latinoamérica

Hablar con producción

¿Lo estás valorando para patrocinio? Cuéntanos tu festival

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